
Lo que el viento se llevó
Con semejante ambiente de oscuridad no podía concentrarme en mi esposa, seguro preocupada por mi tardanza a tomar el té con ella y batirnos en unas partidas de Whist. Afuera, las calles pasaban como un pai-saje de ultratumba. Las tarimas que usualmente exhibían manzanas, caramelos, almejas y pescados, descansaban vacías frente a locales cerrados y húmedos donde los carteles se agitaban con el viento.


















