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Ese trabajo donde quiero decir algo

Luis Amaury··8 min de lectura
Ese trabajo donde quiero decir algo

Frank D. Frías, es un autor difícil de «atrapar», lo mismo para una entrevista que para una conversación telefónica, porque siempre está ocupado en una tarea distinta, sea con su propia literatura o con Alta Literatura, proyecto que le consume muchísima dedicación. No obstante, nunca le falta disponibilidad para atender a quien necesite ayuda, una lectura o una crítica. Hoy, a pesar de las distancias, tuvo a bien responder algunas preguntas que, para quien lea entre líneas, mucho dirán…

Entre Rigor Mortis (2009) y Y vos por qué lloras (2021) hay más de una década. Si pusieras un cuento de cada libro uno al lado del otro, ¿qué es lo primero que verías que cambió, no en el tema, sino en el oficio: el manejo del punto de vista, el ritmo de las frases, la forma de cerrar?

En realidad, mi primer libro, también de cuentos es: Una recta entre dos puntos negros, editorial Extramuros, 2008, a cuatro manos con Ingrid Brioso Rieumont. Apenas llevaba dos años escribiendo, aún iba a un taller literario. La diferencia fundamental es que en esa etapa estaba obsesionado con la perfección e intentaba aplicar los conocimientos adquiridos en cada texto. En resumen, poca alma y mucho alarde de estilo, que tampoco era la gran cosa.
Y vos por qué lloras es un libro pensado como libro, ese trabajo donde quiero decir algo, llamar la atención sobre los asuntos que me interesan desde hace muchos años. Quizá menos perfecto que otros, pero en mi opinión más sincero.

¿Hay algún recurso que usabas mucho en Rigor Mortis y que hoy evitas a propósito, bien porque sientes que ya lo agotaste o que era una muletilla de escritor con menos experiencia narratológica?

Me interesaba más el ritmo acelerado, que la respiración de la historia, quería que leyeran los cuentos de punta a punta a mucha velocidad, un error enorme, pero como dije, apenas llevaba dos años en el oficio, y cometieron el error de premiar un cuento mío con ese estilo, así que viví engañado durante un tiempo considerable.

¿Hay algo que solo te atreviste a hacer en Y vos por qué lloras porque necesitabas los años y los libros anteriores hasta creer que podías intentar algo distinto?

No, cada libro hasta hoy me ha acompañado en mi madurez, cada uno tuvo una etapa diferente. Lo único que provocó escribir el cuento que da título al libro fue una experiencia real de una amiga argentina, a partir de ahí fui confirmando un libro lleno de situaciones que ocurrieron en la vida de alguien, por supuesto, todas tienen una alta dosis de ficción.

Has publicado seis libros de cuentos en editoriales distintas. Más allá de la experiencia humana: ¿Qué aprendiste en términos prácticos —tiempos de espera, tiradas, distribución, relación con el editor— sobre cómo funciona realmente el circuito editorial independiente cubano, algo que un lector de fuera no imaginaría?

La bondad e inocencia del sistema editorial cubano, donde casi cualquiera podía publicar, nos deja mucho daño. La prisa de un libro tras otro, en aquellos años por supuesto, llevaba a buenos profesionales a no seguir el camino junto al libro que acababan de editar, un trabajo de editor incompleto, donde una vez lanzado apenas recibía promoción y de nada valía si el libro lograba interés o se vendía rápido, ya para ese momento le tocaba trabajar con otro autor para cumplir el plan. No voy a extenderme en esta pregunta porque da para un libro, pero mi experiencia no ha sido buena, antes creía que no era así, pero cuando conoces a otras personas haciendo el mismo trabajo de otra manera, entiendes que hay muchas cosas por mejorar.
En cuanto a las editoriales independientes que se han acercado a la isla, es peor, un desastre, porque en muchas ni siquiera existe la edición.

¿Cambiar de editorial en cada libro fue una decisión tuya, una consecuencia de cómo funciona ese ecosistema, o una mezcla de ambas? ¿Qué buscabas en cada cambio que el libro anterior no te había dado?

Una consecuencia del ecosistema.

Publicar en revistas históricas como El Caimán Barbudo pesa distinto que publicar en una editorial pequeña. ¿Qué te dio una plataforma así que un libro propio no te da, y viceversa?

En aquel momento me emocionaba tanto como publicar un libro. Creo que hemos perdido la fuerza de las revistas y periódicos, no solo por los problemas que conocemos sino también por la fuerza que tienen hoy las redes sociales. Había algo mágico en la revista impresa, cuando me pidieron un cuento para Juventud Rebelde me dije: «voy a estar en la tirada nacional, pal carajo». Sentí temor por mis temas oscuros, no veía al panadero, el ingeniero o la doctora, listos para algo opuesto a la telenovela de las nueve; pero cuando desde el periódico me enviaron un mensaje aclarándome que nada político ni violento, me sentí peor, finalmente publicaron un cuento y sigue ahí.

En el caso particular de Anita Mur, ¿por qué se distingue del resto de tu obra en cuentos más allá del género en que está escrito? ¿Qué te obligó a escribirlo distinto: el tema, el encargo, el momento personal, o una necesidad puramente formal que no habías resuelto en libros anteriores?

Una casa, la de mi infancia, pocos o casi nadie ha notado el homenaje a la casa donde se desarrolla el conflicto, es la casa de mi infancia. Entiendo que se enamoren de Anita, que se robe el show, pero para mí regresar a sus páginas es nostalgia, es la casa que no existe hoy como era y llena aún de fantasmas: mi bisabuela, mi padre, mi abuela, mis animales; allí aún está enterrada una jicotea que se llamaba Rosalía, era mi mascota desde chico y estuvo conmigo nueve años, la sepulté yo mismo en el jardín.
Nunca he dicho que mientras escribía el manuscrito, una chica llamada Yadira López Jaramillo, la pasaba en un ordenador, esta chica es Olivia Odel, la amiga de Ana en la novela. Su naturaleza rara y altruista está en Olivia y Ana, ambas son Yadira, espero que tantos años después no se moleste por decir esto.

Si un lector solo pudiera conocerte por Anita Mur y nunca leyera el resto de tu obra, ¿qué idea equivocada se llevaría de ti como autor de cuentos?

Ni idea, quizá creería que los cuentos son tan pausados como Anita, de ritmo lento. Nunca he podido desprenderme en el cuento de la velocidad, a veces trato de bajar revoluciones, pero nunca llego a la calma de Anita. En cuanto a mi romántico de mierda, el misterio y el horror, es algo que siempre va a estar ahí, en el cuento también. En No es tan difícil conseguir una mujer, un hombre que maneja un auto funerario usa el cadáver de una mujer para intentar engañar a sus esposa infiel, haciéndole creer que tiene una relación con la muchacha, y termina enamorándose del cadáver. Ahí lo tienes.

En un ecosistema donde publicar novela suele dar más visibilidad y traducción que publicar cuento, ¿por qué seguir apostando por el cuento después de seis libros? ¿Es una elección estética, una posición dentro del campo literario cubano, o simplemente el género en el que de verdad piensas?

Amo el Cuento, el género. Cuando comencé ese fue el primero y nunca he pensado en si es más o menos importante que la novela. No me preocupa el interés editorial ni el del lector promedio, cuando escribo somos la trama y yo, el resto no existe. Si no fuera de esta forma, estoy seguro que desde hace mucho me hubiese dedicado al mundo empresarial.
Si alguien es lo suficientemente bueno en el cuento, no hay barrera que lo detenga: Borges, Poe, Quiroga, Lovecraft, Chejov.

¿Crees que Anita Mur, será el libro que los lectores más recuerden de tu obra?

No sé, ha causado múltiples reacciones, quizá el que más recuerden las mujeres, toda la crítica positiva viene de mujeres, o casi toda, pero hay quienes me recuerdan a la joven que come ratas de La chica de las Ray-Ban Aviator o a la estudiante de medicina que lleva la bandeja con un corazón destrozado hacia la clase de Anatomía en Rigor Mortis o al muchacho que va de una dimensión a otra intentando salvar a la adolescente suicida en Érase una vez frente al abismo, siempre llega alguien que recuerda una obra diferente, pero quizá hasta hoy sea Anita… la más mencionada, pero tiene la ventaja de ser también la más promocionada.

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