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¿Quién o qué decide qué literatura importa?

sqsricardo··5 min de lectura
¿Quién o qué decide qué literatura importa?

Serie: ¿𝐐𝐮𝐢é𝐧 𝐨 𝐪𝐮é 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐲𝐞 𝐞𝐧 𝐫𝐞𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐥𝐚 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐩𝐚í𝐬?

Dame tres minutos de tu tiempo a ver si te has hecho la misma pregunta: ¿Por qué un libro extraordinario, escrito desde una localidad específica y una tradición editorial más que comprobada, puede simplemente 𝐧𝐨 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐢𝐫?

En mi opinión, 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐮𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐥𝐞𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 sino de funcionamiento de los circuitos e infraestructura. Pero déjame que exponga mi punto de vista y ya después, si quieres, júzgame o hazte tu propia idea. Creo que existen demasiados factores que intervienen en la respuesta a la pregunta inicial.

Comencemos por aquí.

En la producción de cualquier libro, es importante que existan: acuerdos con distribuidoras, presencia física o digital en catálogos que otros países consulten, analicen, extraigan y puedan tirar del hilo de esos catálogos, porque de lo contrario es como tener muchas habilidades que nadie conoce y que jamás puedes poner en práctica. Cuando esos canales funcionan a medias, funcionan solo internamente en un país, o su infraestructura solo permite cumplir con un «plan», la obra queda atrapada en su territorio de origen por mera infraestructura, no por falta de mérito.

Si a lo anterior le sumas barreras administrativas (la llamada infraestructura), económicas y tecnológicas. ¿Qué quiero decir? ¿Cómo se manifiestan estas limitaciones? Téngase en cuenta que no son las únicas, pero expongo apenas la superficie de lo que podría ser un análisis más profundo.

—En lo administrativo, personas que se ocupan de que el mecanismo «funcione» cumpliendo con un «plan» sin tener en cuenta un mercado real, una línea pensada y diseñada hacia un objetivo editorial concreto (beneficios, selección de autores redituables, respuesta a la demanda), no a llenar librerías o números en un reporte.

—En lo económico: Los autores solo tendrán mayor competencia cuando la calidad de lo que producen esté forzada a ser superior, porque perciben un beneficio de ello (y lejos de cualquier interpretación, responde a mientras más trabaje, mayor serán sus ingresos, a la forma en que se plantee cómo, en qué forma y de qué modo aporta desde su conocimiento a la sociedad y a si mismo como intelectual. Súmale a esto, que las editoriales, tendrán una perspectiva de derivación de recursos más concreta, no solo ya con el libro impreso, también con la búsqueda de dónde ubicar ese mismo catálogo de forma digital. Una editorial que no percibe ingresos a su propia cuenta, ¿de qué forma puede plantearse participar en un mercado real? Y esta es otra parte entre muchas, si una editorial no sabe cuál es el mercado que le corresponde, ¿cómo, de qué forma, producirá para ese publico meta y será sostenible en el tiempo por sí misma?

—En lo tecnológico: Tanto las editoriales como los autores, necesitan espacios de promoción, sin actualización, ¿cómo podrán hacerse realmente visibles esas obras producidas en la localidad? Es decir, todo se limita cuando intentas hacer presencia en plataformas de pago que no funcionan, restricciones bancarias que impiden vender o cobrar en otras monedas, cuando no se ha creado (como parte de la llamada infraestructura) una tienda que pertenezca solo a la editorial, cuando la propia editorial no tiene un sitio donde conectar su producción, hacerla visible, convertirla en un recurso que la visibilice hacia otros puntos desde su propio sitio y tienda digital. Un autor puede tener su libro en la tienda digital más grande del mundo y aun así no cobrar un solo centavo, porque su territorio queda fuera de los sistemas bancarios que esa tienda acepta. No puede pagar una campaña de anuncios, no puede contratar una corrección profesional externa, no puede siquiera comprar un ISBN internacional sin recurrir a un tercero que actúa de intermediario y se queda con una parte. El resultado es una dependencia estructural de «alguien de afuera» para cualquier transacción, por mínima que sea. Eso no es falta de talento: es una autonomía de campo recortada desde la raíz.

Estas barreras no suelen ser objeto de análisis, pero determinan tanto como cualquier reseña quién logra un mínimo de 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥 y quién no.

Por último, ya esto no depende del tejido macroeconómico, está el aparato crítico, las reseñas en medios especializados, entrevistas, menciones en suplementos culturales de peso, las investigaciones sobre autores locales, la presencia en medios de prensa, entre otros. Sin ese aparato, un libro puede ser el más leído en su ciudad y seguir siendo invisible para cualquier lector, editor o investigador fuera de ella. La crítica es, en buena medida, quien fabrica la 𝐢𝐧𝐜𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 de una obra fuera de su entorno inmediato.

Ninguno de estos factores tiene que ver con el talento. Tienen que ver con la 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐧𝐨𝐦í𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐚𝐦𝐩𝐨: la capacidad real de un territorio literario para generar sus propios circuitos de circulación, sin depender por completo de que alguien externo decida abrirle la puerta.

¿𝐂𝐨𝐧𝐨𝐜𝐞𝐬 𝐚𝐥𝐠ú𝐧 𝐥𝐢𝐛𝐫𝐨 𝐨 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞𝐫𝐞𝐜í𝐚 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐦á𝐬 𝐚𝐥𝐜𝐚𝐧𝐜𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐮𝐯𝐨?

Si este es un tema de tu interés, y has llegado hasta aquí, agradezco muchísimo tu lectura, pero recuerda que sin tu comentarios solo será un texto más.

Cuéntame, ¿cuál de estas barreras crees que pesa más en tu propio entorno literario?.

¡Te leo!

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